Las fake news, una oportunidad para recuperar el periodismo

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«Las fake news no son un problema de los periodistas, son un problema de la sociedad y de la democracia. Pero es responsabilidad de los periodistas comprobar y verificar los datos; es el momento de recuperar el papel del periodismo como institución que crea certidumbre y ordena la caótica y cambiante realidad«. Estas palabras del profesor Javier Mayoral resumen el punto de vista de los directores de los principales diarios españoles sobre las fake news.

Bieito Rubido, de ABC; Francisco Rossell, de El Mundo; Marius Carol, de La Vanguardia; Encarna Samitier, de 20 Minutos y Nacho Cardero, de El Confidencial, analizaron la forma en que los medios escritos se enfrentan a las noticias falsas en una mesa redonda que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de la celebración de los 30 años de la agencia de noticias Servimedia.

Francisco Rosell, director de El Mundo, emparentó la dinámica de las noticias falsas con la manipulación: “Hay que recuperar el dominio del lenguaje y llamar a las cosas por su nombre. Si es falsa, no es noticia”. Recordó que la propaganda ha formado parte de la acción de los gobiernos desde que aparecen los medios de comunicación: “Hay que sospechar de los gobiernos que achacan sus problemas a las fake news como si ellos no divulgasen información interesada”.

La consolidación de las redes sociales como nuevos agentes informativos amplían el alcance de las noticias falsas y la rapidez con la que se extienden. “Aunque las redes venden el empoderamiento de las audiencias, no son medios de comunicación porque rehúyen su responsabilidad editorial” reclamó Rosell. El 28% de la información que se difunde por internet, afirmó Bieito Rubido, está generada por máquinas. Por lo que no hay un intermediario que contraste la información y garantice que esta sea veraz.

 

La coyuntura en datos

Los efectos secundarios de estas constantes informaciones falaces tener un impacto decisivo en decisiones políticas y económicas de los países y organizaciones. Según el  estudio de Servimedia Influencia de las noticias falsas sobre la opinión pública, un 84,7% de la población considera que las consecuencias de las fake news son muy graves o graves.

El cambio en los patrones de con sumo de noticias (el 75% de los ciudadanos ya leen los periódicos en el móvil) ha disminuido los tiempos invertidos en informarse y ha reducido el tiempo para la reflexión. Esta lectura rápida favorece la propagación de las fake news, de modo que el lector se convierte sin querer en cómplice de la mentira. Según el mismo estudio de Servimedia, el 34,7% de los encuestados considera que puede haber compartido conscientemente informaciones falsas y el 55,4% ha reenviado noticias falsas creyendo que eran ciertas.

Los ponentes comentaron que el ciudadano también debía tener un compromiso para con la verdad, citando a la filósofa Hannah Arendt: “el sujeto ideal de un régimen totalitario es aquel que renuncia a la diferencia entre el hecho y la interpretación”. A los políticos les interesa que los ciudadanos desconfíen de los diarios y deje de existir el contrapoder que supone el periodismo, insistió Bieito Rubido.

La actualidad es caótica y los periodistas no toca organizar el caos, jerarquizar la información, contar la historia, para que ese desorden tenga sentido«, explicó Bieito Rubido. Todos los directores admiten la importancia de apostar por equipos enfocados en identificar y desmentir las fake news. Encarna Samitier, directora de 20 Minutos, comentó la eficacia de iniciativas como EU vs Disinfo,  que trabaja para contrarrestar las acciones de desinformación de Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Porque detrás de toda mentira disfrazada de noticia, hay un interés: no es casualidad que los principales creadores de Fake News sean países no democráticos.

No podemos dejar que “la palabra, que da vida” como dijo George Orwell, “mate cuando difama”. La verdad existe, pero hay que buscarla. Es esencial actuar según los códigos deontológicos, y no caer, como advirtió Encarna Samitier, en la dictadura del clic. Para Rubido, “si en las inundaciones lo primero que falta es el agua potable, en la riada de datos en la que vivimos lo primero que desaparece es la información verídica”.

 

 

Edición: Romina Morales

Imagen de portada: Max Muselmann

 

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