Orbán escapa de las sanciones, ante un Juncker desbordado de frentes

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Budapest, 23 de mayo de 2018. Steve Bannon, con una chaqueta oscura un poco amplia y sobre una camiseta, una camisa violeta con el cuello desabrochado, se plantó ante un público compuesto por intelectuales y notables húngaros. “La mecha que propagó la revolución de Trump se encendió el 15 de septiembre de 2008 a las nueve de la mañana, cuando Lehman Brothers se vio obligado a anunciar su quiebra”. El exestratega de la Casa Blanca no lo ignora: aquí, la crisis ha sido particularmente violenta.

“Las elites se rescataron a sí mismas. Socializaron por completo el riesgo –continúa diciendo este exvicepresidente en el seno del banco Goldman Sachs, cuyas actividades políticas están financiadas por fondos especulativos–. ¿Acaso se ha rescatado a la gente de la calle?”. Este “socialismo para los ricos” habría provocado en varios puntos del planeta una “auténtica revuelta populista. En 2010, Viktor Orbán regresó al poder en Hungría”; fue “Trump antes de Trump”. *[1]

 

Así empezaba el editorial de septiembre de Le Monde Diplomatique. Sus directores, Pierre Rimbert y Serge Halimi, anticipaban en su análisis cómo estaba siendo la recta final para un cambio de ciclo en el viejo continente. Y es que, aunque las noticias en España no pongan suficiente foco en ello y los pulsos en Europa todavía tengan la consideración de escaramuzas, el próximo 26 de mayo, se materializará la batalla política europea más trascendental desde el fin del campo soviético, entre los bloques eurocéntricos de Juncker, Merkel y Macron, frente a los nacionalismos euroescépticos de Orbán, Salvini o Le Pen.

En esa recta final entre liberales y conservadores, los primeros llegan en uno de sus momentos históricos con menor fuerza cualitativa. Y más frentes que nunca. Al bloque encabezado por Juncker no le faltan razones para sentirse desbordado. Muestra de ello son las negociaciones por un Brexit que se echa encima sin ningún acuerdo; unos Presupuestos italianos que son un desafío de Salvini; o unas relaciones bilaterales críticas con los EE.UU. de Trump.

 

En el último año, la Unión no ha podido consagrar ninguna victoria política frente a sus adversarios

Ni siquiera el acercamiento con Macedonia. Y todo ello mientras continúa arrastrando el lastre de seguir sin un pacto fiscal europeo [3]. Por la otra parte, la primera premisa es que los conservadores o “iliberales”, tienen poco que perder y mucho que ganar el 26 de mayo y posteriormente. Desde acercarse a un sorpasso sobre una de las dos grandes familias políticas europeas, hasta ser fundamentales en la correlación de fuerzas que elija a los Comisarios Europeos o conseguir representación, aunque mínima, en países como España, ya será considerado un golpe en la mesa de la que, hasta hace poco, era una opción política marginal.

Independientemente del resultado, la estrategia derechista cuenta con dos factores fundamentales a su favor. Primero, que el desgaste de las instituciones y actores de los que se nutren va a seguir ahí. Sus potenciales votantes seguirán sufriendo las condiciones socioeconómicas desfavorables que heredaron de la crisis, sin atisbos de ser revertidas por aquellos que precisamente les impusieron memorándums y duros planes de ajuste.

En cuanto a identidad se refiere, el calado nacionalista ahonda más frente al europeísmo, por contar con himnos y un fuerte sentimiento de proselitismo hacia sus pueblos y enemigos definidos. La segunda clave es que si en el discurso antiinmigración y de ensalzamiento nacional frente a Merkel o Juncker, en la ecuación no se ven aludidos los mercados, contarán con la complicidad de estos.

Es decir, el trato no será el mismo que en 2014 ante la Grecia de Tsipras, si un hipotético cambio de Gobierno, aunque con un rumbo de cierre de fronteras para personas inmigrantes, mantiene el libre mercado o los beneficios de las grandes empresas.

 

Un escenario preelectoral muy corto, si no ha concluido ya

El recorrido de la votación del pasado 12 de septiembre en el Europarlamento a favor de la interrupción del derecho a voto de Hungría en el Consejo Europeo, a través del artículo 7 de los tratados. El bloque de los conservadores no ha hecho más que continuar lanzando sus globos sonda a Bruselas, como el canutazo a prensa conjunto de Salvini y Le Pen; las reuniones entre partidos conservadores para coordinarse; o la continuación de la gira y asesoramientos de Steve Banon.

Precisamente, sobre rédito electoral presente y futuro, los populares europeos, en un momento de reflujo de fuerzas, no sacarían a relucir esta cuestión en un orden del día del Consejo de la UE. Porque perderían definitivamente a Orban de su esfera y porque de no salir adelante, lo que empezó como una demostración de fuerzas en una votación y con una advertencia tajante de Juncker, quedaría en nada. Esto sería otra señal de debilidad de los principales partidos europeos.

Por no hablar de que una intervención del voto, a tan pocos meses de las elecciones, sería un balón muy favorable para disputar por Orban y sus aliados en el Este. El relato de la soberanía nacional frente a Bruselas volvería a estar servido en bandeja para los afectados. Y es que incluso en el grupo de la izquierda europea, el Partido Comunista Portugués, bastón del Gobierno de Costa, o la izquierda checa, votaron en contra de la instancia a las sanciones, por considerar que era otra vulneración de las soberanías de los países por parte de la Comisión Europea [4][5].

Definitivamente, esta instancia es una caja de pandora con muchas consecuencias para el bloque liberal. Desbordamiento por izquierda y derecha de la cuestión de la soberanía frente a Bruselas; entrada de otros actores transnacionales en el debate en un calendario de campaña electoral o la polarización de votos y escaños en regiones periféricas. Cuestión última que preocupa enormemente a populares y socialdemócratas europeos, que ya de por sí pierden los asientos británicos, así como previsiblemente bastantes europarlamentarios franceses y alemanes en sus filas.

Los únicos que sacarán la propuesta del cajón, estos meses, serán los Verdes Europeos, que fueron los precursores de la votación y canalizan el voto moderado, que puede ser parte de grandes acuerdos. Además, colocarán sus targets principales en torno al centro y norte de Europa, ya que tienen poco que perder en el este.

 

Aparte de la coyuntura electoral

Otro factor por el que no se tomarán medidas lo anticipó González Pons explicando la abstención del Partido Popular. Con su “Hoy es Hungría, ¿y mañana?”[5]. Y es que resulta que la vulneración de pactos y derechos, por parte de Gobiernos de los países miembros, se puede usar como argumento en muchas causas.

En cuestiones de inmigración existen, por ejemplo, los datos del incumplimiento general por países de los cupos acordados [6]. Por no hablar de vulneraciones graves como la ausencia de socorro en el Mar Mediterráneo, devoluciones en caliente, centros de internamiento sin condiciones o la permisividad de organizaciones racistas y xenófobas que usan la violencia.

También se encuentran vulneraciones en materia de comercio, como la venta de armas a países en conflicto, o se incumplen igualmente sentencias, incluso del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, como cuando ha dictado que las aguas del Sáhara Occidental no pueden ser parte del acuerdo de pesca y negocios UE-Marruecos.

Sin punto de retorno y sin posibilidades de acometer reformas sociales, la UE de Juncker es rehén de sus propias normas del juego. Hoy se pronostica arduo parar en 6 meses un movimiento que precisamente se alimenta del sufrimiento de años y años de crisis y de la profundidad del nacionalismo.

 

Autor: Jesús Guerra Pérez

Edición: Romina Morales

Imagen de portada: Sara Kurfeß

 

[1] Liberales contra conservadores, una división engañosa. Le Monde Diplomatique. Septiembre de 2018 por Pierre Rimbert y Serge Halimi.

[2]Cuadernos de análisis sobre la UE. Instituto Real Elcano. La política fiscal europea.

[3]Cuestión de la soberanía: Cuando comunistas portugueses votan junto a la extrema derecha. El Diario.es.14 de septiembre por Andrés Gil.

[4] Resolução sobre «A situação na Hungria». Comunicado Partido Comunista Portugués.12 de septiembre de 2018.

[5] El Parlamento Europeo da el primer paso para imponer una sanción histórica a Hungria. El País. 12/09/2018 por Bernardo de Miguel

[6] El mapa del incumplimiento europeo en la acogida de refugiados. El Mundo. 26/09/2017 por Belén Belmonte.

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