Ser noticia, a toda costa

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Ángela Merkel ganó de forma muy ajustada el cuarto mandato como Canciller en las recientes elecciones alemanas,  pero posiblemente el verdadero ganador fue el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) que obtuvo el 13% de los votos. El éxito de la formación populista en los comicios se atribuye principalmente a su efectiva estrategia mediática, diseñada mucho antes de las elecciones.

La hoja de ruta  publicada en enero indicaba claramente cómo Alternativa para Alemania pretendía dominar la cobertura de los medios durante la campaña: “La AfD no debería evitar abstenerse de las provocaciones cuidadosamente planeadas”, escribieron los autores. “Cuanto más intenten estigmatizar los partidos del gobierno a Alternativa para Alemania  por sus palabras y acciones, mejor le irá a la AfD”. En otras palabras: “Ser noticia, a cualquier coste”.

A pesar de la sinceridad de AfD con sus métodos –algo que la prensa alemana debería haber detectado- esta estrategia parece haber funcionado. En una campaña electoral que hubiera sido tediosa sin su presencia,  AfD logró al fijar la agenda en la prensa y las redes sociales, especialmente Twitter.

Hace solo unas semanas, el numero dos del partido, Alexander Gauland, acaparó los titulares al decir que el ministro de inmigración alemán Aydan Özoguz (SPD)- que tiene raíces turcas aunque nació en Hamburgo- debería ser “devuelto” a Turquía. Más tarde se negó a disculparse por el comentario racista, lo que provocó más indignación de los políticos alemanes y los medios nacionales. Gauland, sin embargo, debía estar bastante satisfecho ya que sus comentarios habían conseguido su propósito: ser el centro de atención.

Su compañera de partido Alice Weidel, a menudo vista como la voz moderada del partido populista  de derecha, pronto siguió su ejemplo. Al enfrentarse a opiniones críticas durante un debate en televisión Weidel decidió abandonar repentinamente el plató y rápidamente emitió un comunicado en el que acusó al moderador de tener un sesgo ideológico parcial –un gesto precipitado tal y como apuntaron muchos analistas, haciendo referencia a la posibilidad de que hubiera abandonado el estudio deliberadamente como parte de un plan. Weider, sin embargo, se había ganado una palmada en la espalda. Los días siguientes al debate, todos los ojos, de nuevo, estaban puestos en la AfD.

Por último, hace solo una semana, Alexander Gauland volvió con otra afirmación aun más controvertida, al decir durante una concentración que los alemanes tenían derecho a estar orgullosos de lo que sus soldados habían conseguido durante la primera y la segunda guerra mundial –un comentario que la mayoría de los alemanes, si se les preguntaría, encontrarían igual de indignante que el llamamiento del pasado enero por parte del miembro de la AfD, Björn Höcke, a dar un giro de 180 grados a la forma en la que Alemania conmemora las víctimas de los Nazis.

Estos movimientos estratégicos casi siempre siguen la misma táctica y casi siempre obtienen el efecto esperado. A cada provocación le sigue la indignación de la prensa y otros políticos. En ese momento, la AfD niega cualquier comportamiento incorrecto y se dibuja a sí misma como una víctima de la “manipulación de noticias” por parte de la prensa mientras disfrutan en secreto de ser el centro de atención.

No requiere mucha imaginación ver por qué el partido populista ha incurrido constantemente en este tipo de comportamientos durante la campaña. Por un lado, ha movilizado a los votantes más radicales de Alianza para Alemania y a aquellos insatisfechos con otros partidos pero que todavía no han decidido entregar su voto a los que se han autoproclamado como la “Alternativa”.  Cuanto más ataques recibe AfD, más fácil le resulta al partido denunciar la ausencia de imparcialidad en la prensa y el interés del gobierno en evitar que Alternativa para Alemania triunfe –un mensaje directamente sacado del manual de estrategia política de Donald Trump pero que ayuda al partido a ganarse a los indecisos.

La AfD vio crecer su popularidad en los sondeos a lo largo de la campaña. Desde un 7% en junio, el partido anti-inmigrantes terminó la campaña con un 12% en las encuestas de opinión. Al mismo tiempo, su programa acaparó el debate público y fue enormemente comentado, en ocasiones de forma desproporcional en comparación con sus rivales.

AfD “dominó” el Twitter de la política alemana

Un reciente estudio sobre el tráfico de Twitter durante la campaña electoral alemana  elaborado por el   Computational Propaganda Project, del  Oxford Internet Institute, encontró que de casi un millón de tweets estudiados, más de un 30% de los hashtags utilizados estaban relacionados con la AfD.  El estudio concluyó con que la AfD “domina por completo” el tráfico de Twitter en el ámbito de la política alemana. Twitter no se utiliza tanto en Alemania como en otros países, pero sin embargo muchos periodistas confían en la plataforma. Mientras todavía no está claro en qué medida la estrategia de redes sociales de la AfD influyó en los votantes, su presencia en redes ha ayudado significativamente a capturar la atención de los medios en Alemania.

 

Publicado en http://en.ejo.ch/media-politics/stay-in-the-news-at-all-costs-germanys-afd. 

Traducción: Javier Cabedo

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