¿Es la digitalización una amenaza para la democracia?

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En esta era de noticias falsas y teorías de la conspiración, la economía de la atención (attention economy) se está convirtiendo en una economía de desinformación, argumenta Stephan Russ-Mohl.

Traducción: Víctor Ferrer

El uso continuado de trolls de internet y bots sociales en las elecciones alemanas fue un ejemplo reciente de cómo se usan las noticias falsas en un intento de intervenir en la democracia. Las historias que alegaban fraude electoral, con el objetivo de movilizar a los votantes de derecha, se extendieron rápidamente a través de las redes sociales en las 24 horas previas a la votación de septiembre de 2017.

A medida que el rol del guardián del periodismo se ve cada vez más desafiado, se ha vuelto más fácil para los proveedores de noticias falsas, teorías de conspiración y desinformación llamar la atención del público. Como resultado, la economía de la atención evoluciona rápidamente hacia una economía de desinformación.

La economía de la desinformación

El marco teórico para el análisis de la economía de la desinformación fue proporcionado originalmente por al menos tres científicos sociales. En el umbral del nuevo milenio, antes de que Internet y la digitalización interrumpieran el negocio tradicional de las noticias, Georg Franck publicó su concepto de Attention Economy, seguido poco después por Thomas Davenport y John C. Beck.

Franck describió cómo las instituciones, así como los políticos, los líderes empresariales, los artistas, los atletas y las celebridades, son cada vez más codiciosos para la atención pública. «Las celebridades son rentables millonarios en términos de atención. La fama es la más hermosa de las recompensas terrenales, porque garantiza incluso más allá de la muerte el estatus de gran fuente de atención «, escribió Franck. Añadió: «Cuanto más rica y abierta sea una sociedad, más abierta y costosa se vuelve la lucha por la atención».

La creciente competencia por la atención ha cambiado el discurso público, argumentó Franck. Él comparó el capitalismo material anterior con un nuevo capitalismo mental. Describió un segundo ciclo económico que anula, e incluso supera, el intercambio tradicional de bienes y servicios por dinero. Según Franck, en una economía de atención, la información se intercambia cada vez más por la atención del público.

La economía de la atención ha sido moldeada por el rápido crecimiento y la profesionalización de la industria de las relaciones públicas. Las relaciones públicas ofrecen a sus clientes visibilidad pública. Sin embargo, el periodismo perdió credibilidad porque ya no era capaz de definir su supremacía sobre su «industria de suministros», es decir, los expertos en relaciones públicas que no solo transmitían las noticias de forma gratuita a los periodistas sino que también cubrían la actualidad en interés de sus clientes.

La disrupción digital y las redes sociales también han amenazado la credibilidad del periodismo.

Los consumidores de noticias abrumados con la elección

Sin embargo, lo que está disponible en abundancia pierde valor. Así como nos torturamos en el supermercado para elegir entre docenas de cereales para el desayuno, la avalancha de noticias nos abruma como consumidores de noticias. Los economistas hablan de la Paradoja de la Elección.

Cada vez más usuarios esperan que sean las noticias que son importantes para ellos quienes los encuentren: se comportan pasivamente y dejan la selección de noticias a su círculo de amigos y a los algoritmos de Facebook y Twitter.

Los gigantes de las TIC secuestraron los ingresos de las antiguas compañías de medios

La digitalización ha ejercido presión sobre los proveedores de noticias tradicionales. Los márgenes de ingresos publicitarios han disminuido. Los gigantes de las TIC han secuestrado las principales fuentes de ingresos de las antiguas compañías de medios: gracias a los motores de búsqueda y las redes sociales, los anunciantes pueden llegar directamente a sus grupos objetivo. La mayoría de los ingresos publicitarios en línea que las compañías de medios tradicionales esperaban, ahora están siendo generados por Google, Facebook y Co.

Cualquiera que haya crecido con información gratuita en Internet difícilmente puede imaginarse pagando por el periodismo. Dado que la mayoría de las personas no puede ver el trabajo de detrás de los medios, la calidad del periodismo no siempre es obvia para los usuarios. Por lo tanto, por el lado del comprador hay una falta de conciencia de calidad que a menudo se traduce en una falta de voluntad de pago.

Junto con eso, la mayoría de las salas de redacción también están reduciendo los costes. Los editores han cancelado sus suscripciones a las agencias de noticias porque todo en Internet es «gratuito». Y muchos gerentes de medios piensan que el personal editorial puede ser recortado porque las salas de redacción se inundan diariamente con comunicados de prensa que pueden transformarse en «periodismo» con solo unos pocos comandos de copiar y pegar. Incluso los autónomos (freelances) son pagados con más atención en lugar de dinero: ¿no es un honor escribir para el Tagesspiegel, el Süddeutsche Zeitung, el Times o el Huffington Post?

Este debilitamiento del periodismo está siendo aprovechado para manipular audiencias con propaganda o para ganar dinero con noticias falsas. Para convertir la economía de la atención en una economía de desinformación, debe ser rentable o políticamente rentable que un número cada vez mayor de actores atraiga la atención a través de falsificaciones, medias verdades y propaganda.

Las noticias falsas también son mucho más baratas de producir que las «reales», y con frecuencia se vuelven virales.

Debido a la rápida difusión de tales noticias falsas, los intentos respetables de iluminar, verificar los hechos y encontrar la verdad pueden fallar fácilmente. Por lo tanto, es probable que cada vez más actores en el frente del periodismo se pregunten si, en las condiciones cambiantes, todavía vale la pena mantenerse al día con el viejo sistema de reglas periodísticas basado en informar hechos y encontrar la verdad seriamente.

Si no prestamos atención y movilizamos contra-fuerzas, estamos solo a un pequeño paso de la economía de la desinformación a una sociedad desinformada.

 

Stephan Russ-Mohl publicó recientemente La Sociedad Informada  y sus enemigos. ¿Por qué la digitalización amenaza nuestra democracia?, Colonia: Herbert von Halem Verlag. Una versión ligeramente modificada de este artículo, que resume su libro, fue publicada en Der Tagesspiegel.


El artículo también ha sido publicado en alemán en EJO

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