Un virus lejano envuelto en mala información: la cobertura inicial del COVID 19

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La gravedad de la crisis generada por el COVID-19 hace que la atención informativa se centre en las cifras de afectados, en la respuesta sanitaria y en las consecuencias sociales y económicas del confinamiento. Sin embargo, una mirada retrospectiva sobre cómo se ha gestionado la información en torno a la infección puede ser útil para aprender en crisis posteriores.

Aunque parece extrañamente lejano y ajeno, la a actualidad informativa de los primeros días de 2020 se centraba en la investidura de Pedro Sánchez, mientras que a nivel internacional la atención estaba puesta en el Impeachment de Donald Trump. La muerte del general iraní  Qasen Soleimani en un ataque relámpago de EEUU amenazaba con  amplificar el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Pero poco a poco las portadas fueron haciendo sitio para hablar de un virus que se extendía por China.

Un virus desconocido

En diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue alertada de algunos casos de neumonía en la provincia de Hubei (China central), en la ciudad de Wuhan (12 millones de habitantes). Esta neumonía la causaba un virus desconocido. El 7 de enero, el gobierno chino identificó un nuevo coronavirus. Las autoridades lo compararon con el resfriado común y con el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS), epidemia surgida en 2012.

Imagen: COVID-19 visto con un microscopio electrónico. FUENTE: ONUSida

La cobertura inicial insistía en que la infección estaba muy localizada en la provincia china, pero la mera amenaza de la propagación de una enfermedad mortal en un país tan poblado como China desataba miedos atávicos. Los científicos se esforzaban por poner el virus en contexto: el Bioquímico por la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Ángel Salazar explicaba en enero: “Los virus no son nocivos per se. Los virus son esenciales para la vida, ya que son necesarios para estabilizar los genomas, sirven para dar funciones a las propias células, mantienen la estructura del epitelio intestinal, o son un factor importante en la conservación los ecosistemas. Pero por lo que conocemos a los virus, es por las enfermedades estos nos causan”.

El COVID-19, al ser un virus con envuelta (al igual que el de la gripe), presenta una gran ventaja: son sensibles a la temperatura. «En el momento en que suban las temperaturas, como en verano o primavera, probablemente desaparezca», explicaba Salazar. «Para la población española, pueden llegar a resultar más grave los brotes de Ébola en África: la tasa de mortalidad del Ébola roza el 45%, frente a un 1,7-2,8% en este coronavirus”. La amenaza era relativizada por la comunidad científica, y se centraba en la gestión del problema de salud pública en Wuhan.

La alta densidad de población (1400 habitantes/km2) de la ciudad se consideraba un factor agravante: “Un virus se aprovecha de esta situación: se propaga con mayor facilidad. Por esta razón, es inevitable la aparición periódica de estos brotes. En nuestras manos está mejorar los protocolos de actuación y educar a la población para que sepa reaccionar ante epidemias”, insistía Salazar. Los científicos pedían a los medios que la prensa no contribuyese a generar alarmismo para evitar brotes de xenofobia: “El virus está en China y no en los chinos”.

FUENTE: La Vanguardia

 Gestión de la información ante una crisis sanitaria

 El foco de interés estaba en la manera en la que las autoridades chinas habían gestionado la crisis sanitaria desde el punto de vista informativo. “No cabe duda de que, con el Coronavirus nos enfrentamos con una crisis sanitaria. Si miramos atrás en el tiempo, no es la primera. Lo correcto es no alarmar, sino solucionar”, explicó María Yolanda Martínez Solana, especialista en políticas y gestión de comunicación en salud que dirigió la comunicación del Ministerio de Sanidad y Consumo entre los años 2000 y 2001.

Imagen: María Yolanda Martínez Solana.
FUENTE: UCM

Ya en los primeros momentos de la expansión del coronavirus el peligro sanitario se conectaba con la mala gestión de la información por parte de las autoridades chinas: “una crisis sanitaria bien gestionada puede llegar a mejorar la imagen de una empresa o de un país”, explicaba Martínez Solana.

Para Martínez Solana, el caso del Coronavirus de Wuhan (COVID-19), es un caso mal gestionado por el Gobierno chino. Una medidas de mejora habría sido aplicar cuarentena a todos los viajeros que salgan de China, así como facilitar datos veraces de la epidemia. «El primer paso para arreglar un problema es admitirlo, y es lo que se debe hacer desde China». Al tiempo, elogiaba la cobertura de los medios, que estaban siguiendo la agenda pública, basándose básicamente en los datos de la OMS

 

 La desinformación conduce al miedo y al caos

En un país blindado a nivel informativo, obtener información diferente a la oficial no era tarea fácil. Álvaro Peco, estudiante de chino en Yangshuo, narró su experiencia sobre el terreno: “después del Año Nuevo chino (25 de enero), en cosa de dos días, todo el mundo comenzó a ponerse mascarillas, pero no le dimos mucha importancia. Todos recibimos en nuestros móviles varios mensajes sobre cómo debíamos actuar con este nuevo virus. El Gobierno hizo todo lo posible para que esa información llegara a todas partes”.

En estos mensajes, se pedía a la población que estuviera alerta, y tomara precauciones, (ventilar sus hogares o llevar mascarillas). “En uno de ellos, te pedían proactivamente que, si habías estado en Wuhan,  te comprometieras a realizar una cuarentena voluntaria de 14 días”, contaba Peco.  Al no dar más explicaciones sobre lo que ocurría, cundió la alarma entre el pueblo chino y el ambiente festivo de Año Nuevo fue sustituido  por ciudades fantasma, sin gente en las calles.

Imagen: Calle desértica de Wuhan.
FUENTE: La Vanguardia

 

Para evitar el contagio, los pueblos cerraban sus fronteras. “Llegué a ver a señores y señoras que cortaban y cerraban las carreteras para que nadie entrase o saliera de los pueblos”, afirmó Álvaro Peco. A través de las noticias, las autoridades mandaron un mensaje de tranquilidad: el propio ejército chino había acorralado Wuhan.

“Para salir del país me encontré con muchas trabas: los vuelos estaban cancelados y todos los establecimientos estaban cerrados. La única vía de la que me podía fiar era Hong Kong”, explicaba. “Cada vez que cogías un medio de transporte, te medían la temperatura y rellenabas un cuestionario. Sin duda, la desinformación conduce al miedo y al caos”, concluía.

 

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